En ningún bar-restaurante español falta el Jamón Ibérico, diverso y exquisito, adaptable a toda circunstancia y de variable compañía en plato. Alguna leyenda ubica su consumo campestre en un cerdo ahogado en aguas saladas, constatándose lo agradable del consumo de esta carne sazonada en sal, con preferencia en el alimento ubicado en sus extremidades; luego, comérselas bien curtidas de sal se hizo costumbre que aquí tenemos hoy. Existen otras versiones que procuran explicar la preservación de alimentos. Hoy es uno de los embutidos más apreciados en España y a nivel mundial.

Las propiedades nutricionales del Jamón Ibérico, preparado con cerdo alimentado con bellota (influyendo esto en su gusto, olor y carácter muy nutricional) son singulares ante otros jamones, españoles o no, así hayan sido elaborados con el cerdo blanco. Posee mayor concentración de proteínas, lípidos, aminoácidos, grasa intramuscular, grasa no saturada, gran digestibilidad y mucho calcio, fósforo, magnesio, potasio, hierro y sodio.

Además, es consecuencia de larga y meticulosa culinaria: entre la selección de piezas de cerdo y su conversión en Jamón pueden transcurrir de nueve (9) a dos o más años, según la calidad del producto que pretenda alcanzarse.El  envejecimiento del jamón en bodegas es el paso final. Allí se consolidan sabores, aroma y textura únicas de este plato paradisíaco. El Jamón Ibérico se hizo mito por el embeleso provocado en el paladar del comensal, no dejando dudas sobre la alta calidad de la gastronomía española. Acompañe esta delicatés con un buen vino blanco, sobre todo tipo Cava. Como no debe faltar el pan de cristal o el de trigo candeal… ¡nada le será comparable!

Degustar sin excesos una porción de Jamón Ibérico es someterse a una fiesta de sabores, laboriosa tradición culinaria y salud, este último un activo invalorable. Vamos a disfrutarlo...¡y que viva España!