“Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda”

Esta cita, que en realidad es el comienzo del capítulo uno, ya es muy útil para entender quién es el protagonista y a qué clase pertenece. El autor, de hecho, informa de manera bastante precisa sobre la dieta de la baja nobleza castellana, los hidalgos. Al fin y al cabo, la jerarquía y la alimentación eran dos aspectos muy importantes y estrechamente relacionados: cada clase tenía no solo sus propias reglas dietéticas, sino también su propia alimentación, tanto que, cuando en el capítulo X de la primera parte Don Quijote preguntó a su escudero Sancho qué contenían sus alforjas, éste, que evidentemente no pertenecía a una clase superior, le contestó:

"(...) Tengo una cebolla y un poco de queso aquí y no sé cuántos cubos de pan, pero no son comida para un caballero tan valiente como tú."

Otras de las cosas que en el relato no faltan, son las citas gastronómicas sobre la influencia árabe, signo de una mezcla cultural y de sabores, y de un panorama alimentario absolutamente complejo e inesperado.

En resumen, Don Quijote es una obra importante también a nivel gastronómico porque nos da la cultura alimentaria de toda una época y todos los aspectos de la matriz cultural, social, económica e ideológica que están asociados a ella.